domingo, 18 de abril de 2010

Acceso permitido: Una noche en la Tierra Oscura


Muy lejos de los ojos maduros pero bajo la cama de un niño de siete años juegan los Metachales. A veces el niño puede oírles en el silencio de la noche cuando nadie se mueve y todo el mundo está durmiendo. Una noche oscura después de la comida, la madre trajo el niño y le acostó en la cama. Fue el 14 de mayo de 1923, un día largo de béisbol y mucho cansancio. La madre le besó y apagó las luces. Después le miró al niño bajo la manta, sonrió, y cerró la puerta. Normalmente el niño tenía un espantacuco porque tenía miedo de la oscuridad. Esta noche en particular, se quedó completamente en la oscuridad sin luz ninguna. El niño dormía, al principio pero cuando oyó un ¡PUM! ¡PUM! ¡PUM!, abrió los ojos rápidamente y miró a su alrededor. No llevaba las gafas así que todos los objetos del cuarto parecían bestias, animales, y payasos. Le temió mucho y cobró la cabeza con la manta. Otra vez oyó el ¡PUM! ¡PUM! ¡PUM! Podía oír el choque de metal y el relincho de los caballos. Lentamente quitó la manta de la cabeza, puso los pies uno tras otro en el suelo y se quedó paralizado mientras los sonidos continuaron. La curiosidad del niño le llevó a ponerse en las rodillas y levantar la manta con dos dedos. Miró bajo la cama con los ojos entrecerrados. No oía ni veía nada excepto el silencio de la noche y el silbo del viento. El niño se quitó el pensamiento de la mente de que algo estaba pasando y empezó a volver a la cama cuando otra vez oyó el choque de metal y los caballos. Se puso de rodillas con rapidez y levantó la manta. Esta vez, aunque no llevaba las gafas, veía claramente y con una vivacidad como nunca. El suelo se transformó en el cielo y el niño se cayó de las nubes hasta que casi chocó con la tierra. Se paró suspendido en el aire un metro de la tierra flotando con los ojos bien cerrados. Cuando se dio cuenta de que no había muerto por la caída, abrió los ojos y ¡PAF!, se cayó en el césped. El césped brilla con colores rojos, verdes, y azules. Parecía como un océano con olas ondulando. A primera vista, el niño pensaba que toda la tierra era plana como su aventura a la Patagonia hace poco pero descubrió que la tierra ondula profundamente. Mientras intentaba caminar adelante, casi se cayó por abajo donde la tierra le gusta tragar lo que se cae. Una mano apareció en el césped que le rogó seguirle por abajo. Poseía una voz suave, sencilla, y simpática como si no podría hacer nada malo. El niño empezó a moverse en la dirección de la mano cuando de repente, una flecha penetró la mano en el corazón. Hace poco se murió transformándose en una flor de lis. El niño giró ciento ochenta grados y estuvo cara a cara con un hombre de barba que le pareció gigante al niño.
-“¿Cómo te llamas? ¿De dónde eres?,” preguntó el hombre de barba. “Debes tener más cuidado joven.”
El niño se quedó frente al hombre de barba sin decir nada.
-“¿Gato tiene la lengua?” preguntó el hombre.
El niño estornudó ante el pensamiento del gato. Es alérgico.
-“Pues habla por favor,” pidió el hombre de barba.
El niño no respondió. Ha aprendido de su madre que es malo hablar con gente que no conoces. Es muy peligroso pero sabía que no tenía otra opción.
-“Vale. Mi nombre es Ramádio y soy de Metacha. Te he salvado la vida de lo que hemos llamado la mano serpiente. Por lo menos, me puedes decir algo,” dijo Ramádio. Finalmente, el niño respondió con timidez, “Me llamo Timite y soy de Francia. No sé dónde estoy ni cómo volver a casa. Me cayó desde arriba.” Ramádio le miró con una cara entre curiosidad y falta de creencia.
-“Puedes viajar conmigo. Este país es Metacha para los indígenas o País de Cristiano para los extranjeros. Esta parte es la Ciénaga del Desaliento. Debemos cruzar hasta la Llanura de Tranquilidad. Lo que mucha gente no sabe es que La Tranquilidad no es tan tranquila como su nombre pretende,” dijo Ramádio.
Los ojos de Timite crecieron del tamaño de bolas de golfo. Pude ver el alma aventurero en él pero también en Ramádio con mayor edad. Juntos planeaban atravesar La Tranquilidad matando a la mano serpientes y permitiendo crecer todos tipos de flores. Con más flores aparecieron más bichos y con los bichos vinieron más especias de animales. Lentamente Ramádio y Timite crearon un bosque pero no lo sabían.
Cuando La Ciénaga del Desaliento cambió de forma, se perdieron en la transición. El norte pareció al sur y el sur al este y el este al oeste. El bosque, Bosque del Peligro, pareció como el Congo de África hace tantos años. Nunca en la ciudad de París había visto tanta vegetación, flores, plantas, y árboles porque siempre queda nubloso y oscuro. Agarró una parra de un árbol y balanceó por el espacio abierto como si fuera Tarzán buscando el peligro. De repente se cayó al suelo y oyó un cascabeleo. Ramádio le agarró por el hombro y escuchó intensamente. El cascabeleo paró y cambio en la vid de antes.
-Ramádio dijo a Timite, “No se puede tocar nada. Entiendo el aventurero dentro de ti. Puedo verlo, pero El Bosque del Peligro es místico, mágico, y misterioso. Nunca sabremos lo que pasará. También a veces está notado en el mapa…otras veces, no.”
Caminaron lentamente por el bosque con tanto cuidado. Aún la tierra en que anduvieron fue sensitiva. El crujido de las ramitas bajo los pies causó una erupción de ruidos de osos, orangutanes, serpientes, y pájaros. Nunca les veía pero los ruidos le dieron a Timite tanto miedo que tembló detrás de Ramádio. Continuaron andando de la misma manera cuando de repente el crujido de las ramitas no causó ruido de los animales. Todo el mundo se quedó quieto. De pronto, los pájaros volaron desde la fronda del bosque en números abundantes. Todas las cornejas pintaron el cielo negro y quitaron la luz del mundo. Circularon por arriba chillando. El chillido casi destruyó los tímpanos de los aventureros. Timite buscó en los pantalones los tampones para los oídos y le dio un par a Ramádio. El chillido no penetró los oídos de manera tan peligrosa tras instalarles. No obstante, cuando comenzaron a caminar otra vez, oyeron el rugido de un león. El león apareció detrás de un árbol con musgo verde sobre su superficie. Al principio no lo veían porque estaba camuflajeado. Los colores verdaderas del león se derramaron sobre el cuerpo y el león brilló en una luz brillante. Fue como Dios ha bajado del cielo simplemente en este momento en el año 4077.
El bosque fue quieto sin sonido ninguno. El león se introdujo, “Hola. Vengo en paz. Por favor, no blandas las flechas. Me llamo Julio y soy vuestro ángel durante esta aventura.” Timite se puso la mano en la frente para estrecharle la mano cuando recordó que leones no están construidos con las manos. Entonces dijo, “Encantado de conocerte Julio. Yo soy Timite y…” Julio interpuso, “Eres Timite de Francia que duerme con un espantacuco porque tienes miedo de la oscuridad,la quieres tanto a tu mamá desde la muerte de tu padre y quieres saber si él te ama y está mirándote sonriendo desde arriba.” Los ojos de Timite se llenaron de lágrimas que eventualmente les corrían por las mejillas. “¿Cómo sabes todo esto? Sé que eres un ángel pero ¡no me conoces de nada!” Ramádio tomó Timite en los brazos y limpió los ojos y las mejillas de las lágrimas. Le cuchicheó, “Está bien. No llores, hijo mío.” Julio continuó, “Y Ramádio de la Metacha, dime por qué viajas por el Bosque del Peligro.” Ramádio respondió, “Me voy a la Ciudad Celestial. Tuve un sueño en que fue mi motivo proponer el matrimonio a la Reina Delia. La conocí cuando éramos niños y fue la única chica que me cayó bien, que me besó, y que me ha gustado por la persona que fui. Mi corazón está con ella.” Julio le dio una sonrisita y les dijo, “Ahora mismo, debéis agacharos tan cerca de la tierra como podáis. Vienen los sátiros. No ven bien, pero se pueden oír el sonido más pequeñito. No debéis luchar. La lluvia lo hará por vosotros. Escuchad. Cuando oigáis el llamado estridente del búho, corred y no paréis hasta que lleguéis a la Valle de la Sombra de la Muerte. Allí os encontraré.”
Julio desapareció en el parpadeo del ojo y los dos se agacharon tan cerca a la tierra que estaban aspirando las hojas caídas que olían como pimienta. Los sátiros llegaron tan pronto como los dos se camuflajearon con la tierra. Son mitad hombres y mitad caballos. Los cascos golpearon la tierra con una fuerza sorprendente. Timite estaba sujetando su aliento por miedo de estornudar por el olor de pimienta. Los sátiros poseían el culo grande y huelen como estiércol, pimienta, y vainilla; una combinación rarísima. Cada uno tenía un ojo en el centro de la frente que oscilaba desde la derecha a la izquierda. Este repitió porque le pareció una eternidad. Las narices fue pinzadas y contenían dos rajas para aspirar. Había mocos de color negro corriendo por la cara y frecuentemente la lengua azul los limpió. El torso tenía músculos extravagantes. Timite contó ocho mientras Ramádio se fue aguantando los dientes poniéndose verde. De pronto Timite estornudó y los sátiros se acercaron. En seguida vieron un relámpago y oyeron un ¡PAM! que les aterrorizó y les mandó corriendo en todas direcciones con la cola entre las piernas. Luego vino el llamado estridente del búho. Tan pronto como oyeron el búho, se levantaron y corrieron como el viento. No sabían adónde corrieron o en qué dirección pero corrieron juntos por horas sin parar y sin mirar por detrás. El corazón de Timite sentía como iba a abrirse de golpe. Es asmático y no tenía su inhalador. Empezó a disminuir la velocidad y Ramádio casi se quedó detrás sino que Timite le gritó por el dolor. Ramádio se levantó de la tierra, se subió en la espalda y continuó corriendo.
Por fin llegaron al Valle de la Sombra de la Muerte donde Julio les dijo que les encontraría pero no estaba ahí. Las sombras les rodearon rápidamente y fueron tragados por la oscuridad. Cuando se despertaron, había una luz tan fuerte que pareció se quedaría ciego si la miraba. Ramádio se puso la mano en la frente para bloquearla mientras agarró a Timite por el hombro. De pronto, vino una ráfaga de viento que les empujó en un hoyo y se cayeron 70 pies en una almohada llena de plumas. Con el impacto de los cuerpos con la almohada, esta estalló y las plumas cayeron del cielo como la nieve que cae en el invierno cubriéndoles en una manta blanca. Lentamente, los cuerpos comenzaron a enfriarse y Ramádio y Timite pelearon a sacarse la manta blanca antes de que se transformara en una manta de hielo. Ramádio le sacó de la manta pero la pierna de Timite fue pegado hasta las caderas con el hielo agarrándola fuertemente. El hielo continuó cubriendo la pierna hasta que se le cortó la circulación de la sangre. Mientras Ramádio le trataba desde arriba, Julio se acercaba y rugió. Todo paró al instante, las sombras retrocedieron en la oscuridad fuera de la manta de nieve. Una sombra que llevó una tapadera negra para esconderse de la luz libró la pierna del niño. Su magia no funcionó frente a Julio. Todas gimieron e intentaron atacar los tres sino en vano. Con el rugido de Julio las sombras se callaron y se filtraron en los montes de las afueras.
Julio se acercó a Timite que estaba tendido en el suelo llorando a causa del dolor. A Ramádio, le dijo, “Tócale la pierna y cierra los ojos. Debes rezar por la salvación y restauración de la pierna pero cuando reces, reza con todo el corazón y con mucha fe que lo que preguntas es lo que recibirás.” Ramádio puso la mano encima de la pierna y en su mente rezó con todo su poder por el pobre niño que le había acompañado hasta ese punto. Rezó por tres minutos largos y cuando abrió los ojos una lágrima sola cayó encima de la pierna. Antes de saber, el niño fue toda sonrisa y corrió en círculos agradeciendo a Ramádio y a Dios. Les abrazaban fuertemente y compartían momentos sencillos cuando Julio les interrumpió. “Lo siento pero debemos adelantar.”
Julio les acompañó en silencio. Timite, el niño curioso, le preguntó, “Julio, ¿qué pasa ahora?” Julio no respondió a la pregunta. “Hemos llegado a la Montaña de la Destrucción. Mucho de lo que tocáis cambiará en fuego. Tomad con vosotros esos péndulos. Solamente funcionarán cuando el peligro puede causaros el sacrificio último, la muerte. Dejadles hacer el trabajo y no os preocupéis.” Ramádio y Timite salieron de la seguridad del lado de Julio lentamente mirando por atrás hasta que Julio desapareció.
Ramádio sujetó a Timite en su espalda con una correa antes de llegar al foso llenó de lava. En el foso había un puente hecho de madera y cuerdas. Faltaban algunas tablas y Ramádio no sabía cómo cruzarlas con todo cambiándose en fuego ni con Timite sujetado en la espalda. Algo desde adentro le dijo, “Tenga la fe. Reza por éxito. Salva el niño.” Inmediatamente mandó a Timite bajar la cabeza y rezar. Ambos abrieron los ojos y se miraron uno al otro y gritaron, “¡AHHHHHHHHHHHHHH!” Ramádio corrió por el puente y cuando puso el pie encima del tablón, el puente estalló en llamas. Continuó corriendo tan rápido como podía. A pesar de su esfuerzo, las cuerdas que sujetaban el puente se quemaron con cada tabla que le puso el pie. El puente entero se cayó abajo y les balanceó hasta el otro lado. Ramádio trató de escalar el lado sin éxito. Todo se quemaba y los dos temieron que esta sería la última memoria, cuando de pronto los péndulos se unieron y oyeron un grito y fueron tirados dentro de la montaña. Primeramente todo fue negro y no podían ver. Al reto, todo cambió al color de azul. Timite bajó de la espalda y extendió las piernas. Luego puso las manos en los bolsillos para no tocar nada. Echó un vistazo a su alrededor y se dio cuenta de que las paredes parecían respirar. Cuchicheó a Ramádio y anduvieron hasta el centro de la montaña cuidadosamente con la intención no tocar nada. Más tarde, al centro de la Montaña de la Destrucción, se abrió muy ancho. El centro consistía en varios ríos negros contra el color rojo de las paredes de la montaña.
Encima de llegar a la orilla del primer río, vieron que la superficie del río respiraba también. Apareció una giba que creció en un animal aterrorizante. Timite corrió adelante antes de emerger la bestia pero se dio cuenta de que esta vez, fue Ramádio que se quedó paralizado frente a la bestia temblando y sudando con horror. Timite buscó alrededor por una roca que se podía tirar para distraerla. La encontró y la tiró con todo su poder. La roca le pegó por la parte posterior de la cabeza con un ¡PINK! A causa del tamaño de la bestia, el tiro de la roca solamente servía para volverse loca. La bestia le dio la vuelta con los brazos balanceando. Casi le golpeó a Timite en la cara pero tuvo el sentido de agachar y el puño de la bestia conectó con la pared de la montaña. El impacto de esta conexión fue tan fuerte que la montaña se sacudió y la tierra comenzó a caer encima de sus cabezas. La cumbre de la montaña cayó encima de la bestia. Ramádio finalmente decidió mudarse de su posición y corrió y brincó sobre los ríos de bestias. Agarró a Timite por el brazo y continuó su escape. Timite, recordando que Julio les dijo que todo lo que tocan, cambiaría en fuego, tocó todo que podría. Mientras corrieron, todo detrás de ellos estaba en llamas. Podía oír los gruñidos de las bestias como quemaron y los ríos de gasolina explotaron. Las explosiones sucedieron una tras otra tan rápidamente que la última explosión les tiró 100 metros por delante y 16 metros en el aire.
Ramádio cayó en la costa y Timite se estrelló contra el agua que corría por la Llanura de Tranquilidad llamado el Paso Tranquilo. Cuando Ramádio se recuperó de su esfuerzo, fue a buscar a Timite. Timite ha flotado hasta el sur donde se dio cuenta de que una mujer sin rostro sino con el cabello rojísimo cayendo hasta el cinturón estaba levantando su cuerpo sin fuerza en una góndola. Ramádio corrió inmediatamente gritando a la pelirroja, “¡Ey! ¡PARA! ¡DEJA EL NIÑO!” Como estaban en el agua no pudo parar la góndola. La pelirroja le mocionó con el dedo seductor a acercarse. Sin pensamiento, Ramádio la tiró en el agua y nadó hasta llegar a la góndola. La pelirroja, llamada Furia, levantó la mano que en torno levantó a Ramádio en la góndola, le puso en el asiento al lado de Timite que estaba durmiendo y roncando. Con un giro de la muñeca y el tiro del polvo destellando, Ramádio instantáneamente se durmió. No soñaron porque durante su estancia en la Llanura de Tranquilidad solamente se tranquillizó. Furia les guió 250 kilómetros.
Justo en el centro del río había una verja de 6 metros de altura y 14 metros de ancho. Con el chasquido de los dedos de Furia, ambos Timite y Ramádio se despertaron y estaban atentos. La verja era de color rojo contra el azul del agua y el verde del césped. Cuatro fantasmas rodearon la verja en el paso. Una se paró frente a la góndola. Furia le habló en el idioma "yano" luego cambió y les habló en castellano: “Os pregunta ¿por qué venís y adónde vais?” Timite la respondió con energía, “Nos vamos a la Ciudad Celestial. Debemos hablar con la Reina Delia y Lady Espíritu. Tenemos preguntas y él conoce a la Reina desde eran niños.” La cara de Furia se torció porque nunca había oído a alguien declamar que conocía a la Reina Delia. Es una mujer muy privada que siempre poseía unos guardaespaldas, no tocaba nada por miedo de contraer una enfermedad, y normalmente hablaba con otros por una pantalla mágica. Esto le tradujo por la fantasma. Ahora bien le dijo en "yano", “Solamente les dejo pasar si me entregues los péndulos colgando por los cuellos de ellos.” Furia les tradujo el mensaje y ambos quitaron los péndulos y les entregaron al fantasma. La verja se separó y la góndola al entrar pareció ser sorbida desde adentro. Mientras tanto oyeron las palabras, “Acceso permitido,” en una voz grave y resonante que parecía tener un sonido envolvente.
En cuanto cerró la verja, la voz continuó, “Por motivo de ir a la Ciudad Celestial, sigue el río hasta llegar al Monte del Inocente, les avisó, en el Monte verán condiciones de niños que son graves. No se harán nada pero rogarán por dinero, comida, y agua. La única manera de pasar por los Inocentes es pagar el paseo. Cuando lleguen a la costa del Monte, paga los Bambinos a la izquierda por bienes para intercambiar. Luego pasarán por las Montañas Deliciosas. Ahí, pueden comer todo lo que quieran pero ten cuidado de no llenarte tanto que vomiten porque por esto serán pegados en la tierra para siempre. Por el niño, La Tierra Encantada es donde vive Lady Espíritu, la encontrará en las afueras del bosque. Debe entrar solo o no recibirá ninguna respuesta. Finalmente andarán por caballo hasta la Ciudad Celestial. Suerte.”
Al fin de la narración, la góndola atracó en la costa del Monte del Inocente. La dieron les gracias a Furia por el transporte por el Paso Tranquilo y desembarcaron. Siguiendo las instrucciones de la voz omnisciente, fueron a la izquierda a la tienda de los Bambinos para comparar los bienes para intercambiar con los Inocentes. Compraron dos cajas de agua, tres cajas de zumo, dos cubos de pollo asado, y algo de empanada de verduras. Al darse la vuelta, una Bambina le puso la mano en el hombro de Timite, “Julio me dijó guiarte a la taberna de la Lady Espíritu.” Timite le agradeció y los tres anduvieron por el paseo por el Monte del Inocente. Ramádio notó que el paseo parecía estar bloqueando de venir adentro del paseo. Una cerca se extendió hasta la puesta del sol.
En el corazón del Monte fueron rodeados por niños flacos casi calvos o de cabello incompleto. Muchos sufrían de una enfermedad u otra. Como había dicho la voz, les rogaron desde una distancia la ayuda de la cerca. Una niña de posiblemente cuatro años estaba sangrando por la nariz y llorando como si tuviera un dolor insoportable. Otro niño se quedó solamente un brazo que estrechó por la cerca. Timite le dio algo de zumo. Su corazón lentamente sentía dolor. Una chica a la derecha poseía heridas graves en la pierna, el brazo, y el estómago. Fue como una puma la arañó varias veces. Sus ojos cayeron hacia abajo y pareció una fantasma. Ramádio notó un chiquillo sentado al pie de la cerca dos metros adelante comiendo las uñas de ambos pies y manos. Había comido las uñas tanto que los dedos fueron cubiertos en costras. Como consecuencia, empezó a comer su piel. Esta acción le afectó a Ramádio fuertemente. Le dijo a Timite que les daba todo a los niños. La Bambina, Ramádio, y Timite les regalaron todo. Tristemente no compraron lo suficiente para todos los niños. Esto rompió el corazón de Timite y le causa a Ramádio llorar y caerse en las rodillas.
Con toda la tristeza, dolor, y la culpa que estaban sintiendo, la Bambina les dijo, “Esos son los niños olvidados de Metacha. Las madres les han abandonado. Algunos están aquí en el purgatorio a causa de las decisiones de sus padres y abuelos; fueron abortados. Esta es la personificación de donde el sistema falló. Lamentablemente, son los bebés de nuestra nación. Sin futuros. Sin oportunidades. Esto es su destino final y todos los habitantes lo ignoran. Debemos continuar amigos.” Siguieron por el paseo experimentando todas las vistas dolorosas.
Al cabo del paseo las cercas fluyeron en ambas direcciones y en frente presentaron las Montañas Deliciosas, estaban llenas de dulces, postres, helados, jugos, y todo lo que quisiera un niño. Al principio Timite se sintió aliviado de ver algo de placer pero también podía ver a todos los niños con las caras puestas contra la cerca encerrándoles en un purgatorio y decidió no comer nada. Siguieron un paseo de golosinas por las Deliciosas hasta llegar al lindero de la Tierra Encantada. Aquí apareció Julio para pasar el tiempo con Ramádio mientras Timite fue a visitar con la Lady Espíritu que estaba esperándole.
Timite entró la Tierra Encantada después de respirar profundamente. A siete metros tropezó sobre una roca y la tierra tembló. Saltó a mano derecha y en frente había una taberna. Salió una mujer joven vestida de blanco puro, parecía flotar encima de la tierra. Le dijo, “Pregúntame lo que quieras aunque sé por qué estás aquí.” Timite le miró mientras contuvo sus emociones, “Mi padre había muerto hace poco y quería saber si me sonríen desde arriba y si me ama.” El labio de abajo le tembló. Le contestó, “Pregúntale tu mismo guapo.” El padre de Timite apareció sonriendo. Ambos se quedaron mirándose. Los ojos de Timite se llenaron de lágrimas y su padre le abrazó. Las lágrimas templadas corrieron por la cara de Timite y fueron absorbidas por la camisa de su padre. El padre le tomó la cara en sus manos y borró las lágrimas de las mejillas. Le sonrió y le miró directamente en los ojos y dijo; “Mijo, estoy muy bien. Mejor que nunca en el mundo del cielo,me permitieron visitarle porque Dios sabe el peso encima de su corazón. Quería decirte que te amo tanto y siempre te amaré. Nunca lo olvides ni lo preguntes en la mente. También siempre te miraré desde arriba. Todos los paseos tuyos, las graduaciones, los tiempos malos... Estaré allí contigo hijo mío.” Le besó en la frente y dio un paso para atrás. “Tengo que irme, pero recuerda lo que te digo: Dile a tu mamá que también la quiero y estoy protegiéndola,” fueron las últimas palabras dichas por su padre antes de desaparecer en el aire. Timite se llenó de alegría y bailó en círculos por unos minutos. Eventualmente encontró su centro y se reveló en este éxito.
Se despidió de Lady Espíritu y la dio las gracias. Fue a buscar a Ramádio y a Julio quien estaba esperándole. "¿Éxito mijo?” le preguntó Ramádio. “¡Sí! Sabía la verdad. Mi padre me ama y también a mi madre. Está protegiéndonos siempre,” respondió sonriendo. El corazón de Ramádio sintió el calor del amor. La verdad es que el espíritu del padre de Timite vivía dentro de Ramádio pero estaba obligado a no decir nada o arriesgarle a perder sus visitaciones con Timite en el futuro.
Pasearon por la frontera entre la Tierra Encantada y la Ciudad Celestial montados al caballo. Al entrar, notaron la belleza y abundancia de recursos y recordaron el dolor que existía justo al suroeste en el Monte del Inocente. Cuando se acercaron al parque, oyeron una conmoción en la calle. La gente aplaudía y gritaba algo pero no lo podían descifrar lo que decían. Lentamente llegó a los oídos, “¡Reina! ¡Reina! ¡Delia! ¡Delia!” Las emociones le hicieron correr a Ramádio como loco dentro de la muchedumbre en búsqueda de su amante. Se perdió en el caos y cuando Timite buscó por Julio, se fue.
Allí saltó y se despertó en el suelo de su cuarto sudando y respirando deprisa. No entendió cómo llegó al suelo ni lo que le pasó Ramádio y Julio. Miró bajo la cama pero no podía ver nada porque no llevaba las gafas. Se puso las gafas y miró otra vez pero no vio nada. Se acostó en la cama y pensó en su padre, y se dijo, “Me ama y me protegerá.”
Al reto, vino la madre porque había oído un ruido sordo y temió que algo le hubiera pasado. Abrió la puerta y se le acercó, le cubrió con la manta y le besó en la frente. Salió del cuarto sonriendo, era casi la salida del sol, sorprendentemente, en la Tierra Oscura, se experimentaba la luz del sol.

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